ITACA – Constantito Kavafis

ITACA – Constantino Kavafis. Ediciones Tácitas, 2015. Disponible en @bpdigital.cl

 

itaca

Constantino Kavafis (1863 – 1933), poeta griego, sino el más importante del siglo xx. Publicó poco en vida, casi todo suelto o en dos breves tandas. Hasta que alguien lo leyó, difundió y se extendió por todo occidente. Es que el poema “Itaca” es tan bello. De esos poemas atemporales que revuelven al lector según el momento y etapa de la vida. Es que entre tantas reminiscencias históricas, míticas, aparecen versos potentes, sutiles en veces. Además que todo está medio corrido, con la distancia del que pule las palabras, que perfecciona las imágenes. Y hay mucho de goce y deseo en su escritura, de ir al encuentro, de capturar eso que se pierde.

Si bien sus libros son difíciles de encontrar o bien tienen precios –en Chile- no muy accesibles, está disponible el libro en versión digital en Biblioteca Pública.

Publico cuatro poemas que deseo recordar, compartir y difundir: “Olvido”, “En el puerto”, “Itaca” y “El gato”.

 

Olvido

Encerradas dentro de una florería,

bajo las vidrieras, las flores olvidan

cómo es el brillo del sol

y cómo soplan las brisas frescas cuando pasan.

                (Mayo 1896)

 

En el puerto

Joven, de veintiocho años, en un barco de Tinos

llegó Emes a este puerto sirio,

con el propósito de aprender perfumería.

Pero en la travesía se enfermó. Y apenas desembarcó, murió.

Su entierro, muy pobre, se hizo aquí.

Pocas horas antes de morir, algo susurró sobre un “hogar”, sobre “padres muy ancianos”.

Pero quiénes eran ellos nadie lo supo,

ni cuál su patria en el vasto mundo panhelénico.

Mejor. Porque así mientras yace muerto en este puerto,

siempre tendrán sus padres la esperanza de que esté vivo.

 

Itaca

Cuando salgas en el viaje hacia Itaca,

desea que el camino sea largo,

pleno de aventuras, pleno de conocimientos.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al irritado Poseidón no temas,

tales cosas en tu ruta nunca hallarás,

si elevado se mantiene tu pensamiento,

si una selecta emoción de tu espíritu y tu cuerpo embarga.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al feroz Poseidón no encontrarás,

si dentro de tu alma no los llevas,

si tu alma no los yergue delante de ti.

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

en que con cuánta dicha, con cuánta alegría

entres a puertos nunca vistos:

detente en mercados fenicios,

y adquiere las bellas mercancías,

ámbares y ébanos, marfiles y corales,

y perfumes voluptuosos de toda clase,

cuanto más abundantes puedas

perfumes voluptuosos;

anda a muchas ciudades egipcias

a aprender y aprender de los sabios.

Siempre en tu pensamiento ten a Itaca.

Llegar hasta allí es tu destino.

Pero no apures tu viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure:

y viejo ancles en la isla,

rico con cuanto ganaste en el camino,

sin esperar que riquezas te dé Itaca.

Itaca te dio el bello viaje.

Sin ella no hubieras salido al camino.

Otras cosas no tiene ya que darte.

Y si pobre la encuentras, Itaca no te ha engañado.

Sabio así como llegaste a ser,

con experiencia tanta,

ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan.

 

El gato

El gato para la gente común es antipático.

Magnético y misterioso cansa

sus fríos espíritus; y sus graciosos modos

ellos no estiman

…                        

pero es el alma del gato su orgullo.

Su sangre y sus nervios son la libertad.

Nunca son serviles sus miradas.

En lo siempre secreto de sus pasiones,

en la limpidez, en la calma

y belleza de sus actitudes, en la sobriedad

de sus manifestaciones, cuán delicada

pureza de sensaciones se encuentra.

Cuando los gatos se entregan a la ensoñación o duermen

los rodea la frialdad de la visión.

Acaso entonces vagan a su alrededor

fantasmas de antiguos tiempos.

Quizás la visión los conduce a Bubastis,

donde sus templos florecían,

y donde el culto de Ramesos los coronaba,

y cada movimiento de ellos

eran augurios para los sacerdotes.

(1891)

 

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La presente edición la encuentran en la página de la editorial: https://www.edicionestacitas.cl/tienda/product/612_itaca

La traducción ha sido realizada por el profesor chileno Miguel Castillo Didier, uno de los mayores expertos en poesía griega moderna y especialmente en la de Kavafis. La selección, a cargo de Diego Maquieira y Cristóbal Joannon, cubre los poemas que el autor publicó en vida –los “canónicos”, aquellos que repartió de manera privada en hojas sueltas– así como los inéditos, inconclusos y repudiados.

Atributo Detalle
ISBN13 9789568268763
Año 2015
Número Edición 1° Edición
Dimensiones 18,5X12
Encuadernación Rústica
Páginas 133
Colección Colección Sic
Precio Referencia 8000 pesos chilenos
Editorial Ediciones Tácitas

 

¿Arroz blanco o arroz integral?

Arroz

¿Qué cocinar? ¿Para cuántos días? ¿Blanco o integral? ¿Con verduras o solo? ¿Y si le pongo un huevo? ¿Hago un risotto?

21 de abril de 2020

No dispongo de la disciplina en solitario. ¿Qué ganas dan de hacer algo que era social? Es difícil, es complicado. Me es complejo mantener el hacer y prefiero el consumir. Al hacer consumo y bla bla, pero ese no es el punto. Es que también puedo vivir haciendo cosas breves y desconectadas y hasta no realizarlas del todo, dejar todo a medias. Hay una noción del tiempo y del hacer imprecisa. Está bien, cada a uno a su tiempo y manteniéndose a flote. Ok, pero eso da igual. La inconformidad es presente. Punto. Inconforme con lo que hago, con lo que pienso, con lo que evito, con lo que evado. Autosabotaje. Sabes que tienes que hacer equis cosa y dices bueno, antes de hacer eso haré esto, y mientras estás haciendo eso, piensas que podrías hacer otra cosa, y que a esa otra cosa le vendría bien un poco de música, pero de qué música, y buscas canciones y pruebas y eliges y crees que estás armando un lugar cómodo, placentero, con todas las cosas listas para poder hacer esa tarea con la cual comenzaste a hacer todo esto que estás haciendo. Pero oye, estaría bueno hacerse un tecito o un mate. Y antes de empezar fumaré un cigarro, y lo haré afuera de la casa. Aprovecho de tomar sol, estar con los perros que mueven la cola, y camino, sumo pasos para mantener los seis mil pasos diarios. Pero y si mejor todo el libro y leo al sol, mientras fumo y tomo mate y los perros están alrededor mío… es una linda postal, ¿no? Es digno de publicarlo, sacaré una foto y la enviaré. Pero el brillo del sol no me permite ver bien el celular. Me voy a la sombra. En la sombra me da frío y vuelvo al sol. Lo haré después. Y miro las copas de los árboles y me acuerdo de una amiga, luego de un amigo, luego de mi familia, y me pongo a enviar audios de cómo están, en qué están, cómo están, en qué están, qué van a almorzar, van a salir, no salgan, mejor quedarse. No, no he visto noticias, es que prefiero prender poco la tele. Dejo el celular y miro los perros tirados sobre el pasto, cuánta tranquilidad, ojalá ser un perro, no tener esta voz interna. ¿Los perros tienen vos interna? Los gatos sí, obvio. Abro el libro avanzo una página y esto está muy bueno para comentarlo con otro amigo, con el que puedo compartir esta ñoñez. Antes googlearé. Me acordé de un meme. Busco el meme, no lo encuentro y encuentro otro meme. Capturo pantalla. Corre viento, hay que cocinar. ¿Qué cocino? Google, tengo ganas de pizza. ¿Hay deliverys de pizza hasta aquí? Google maps. La pizzería más cercana está a 4 km. Llamo, no contestan. La hago yo, qué tanto. Receta para pizza. No. Receta para pizza sin horno. Ok. Leo, no sirve, no tengo levadura. Receta para pizza sin horno ni levadura. Ok, perfecto, tengo todo: harina, tomate, aceite, cerveza, queso. La receta es con cerveza. Debe estar a temperatura ambiente. Mierda, la tengo en el refri. Como un kiwi, el último kiwi. Dejo la cerveza afuera para que esté natural. Luego de hacer la masa dejar por media hora. No, no tengo tanto tiempo, chao pizza, arroz con verduras y era. ¿Cómo me demoro menos en cortar las verduras? Debe haber un método, algo, que permita cortar fino y en menos tiempo tres o cuatro tipos de verduras. Googleo. Video de youtube, no, qué paja. Son las dos y algo de la tarde, la mañana se acaba. La mañana comienza a las once y algo. ¿Y si en vez de cocinar eso lo dejo para la noche, mejor? Aprovechar la luz del día, terminar de leer ese cuento caminando porque así tomo sol, leo y cuento pasos para los seis mil pasos diarios. Se fue el sol, abrigarse, cambiarse ropa, prender la compu, comer galletas y pan con queso. Vamos a trabajar. No, mejor voy a escribir pa soltar la mano. ¿Por qué escribir si no se publica? ¿Para quién se escribe? Explícitamente no importa, implícitamente se sabe. Pongo música, me gusta el tema, agrego a la playlist. Comparto el tema. Busco en youtube el video del tema. Veo el video del tema. Se enfrió el mate. Pongo agua, prendo la cocina, saco la olla, pongo agua, saco el arroz, pongo el arroz, sal. Corto verduras.

Gustavo Pena – Mandolin

 

Imágenes de diversidad y consenso: la cosmovisión mapuche a través de tres machis

Comparto el texto Imágenes de Diversidad y Consenso. La cosmovisión mapuche a través de tres machis by Ana Mariella Bacigalupo on Scribd

Vivir sin miedo – Propuesta y diario de trabajo

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Teatro Panfletario – “Vivir Sin miedo”

Consigna del panfleto que será tomado como título de la obra:             “Vivir sin miedo”

Lenguaje escénico propuesto: Artes Escénicas, Teatro – Performance.

Descripción del procedimiento de trabajo para la creación escénica.

En “Vivir sin miedo” se plantea realizar un trabajo investigativo en torno a la noción del miedo en las contextos sociales actuales, a partir de los contextos e historias de los miembros del grupo. Teniendo en cuenta las inquietudes y propuestas en torno al tema, realizaremos una exploración escénica que tiene por objetivo poder presentar por medio del cuerpo nuestro panfleto: “Vivir sin miedo”.

Para eso, durante los encuentros de ensayo, conjugaremos los cuerpos en escena para descubrir espacios de enunciación y de presencia, a partir del material biográfico de las actrices. Esto tiene por interés develar el miedo a exponer lo propio a partir de la importancia de la presencia corporal.

Lo anterior, tiene por objetivo develar los tipos de miedo que portamos, cuáles de ellos son impuestos o autoimpuesto, y cómo podemos dialogar con ellos para así poder vivir sin miedos.

Así, “Vivir sin miedo”, se plantea como un lugar de investigación para generar un trabajo creativo que conjuga la dramaturgia y actuación como dos instancias bases que se exploran durante el proceso de puesta en escena.

En este sentido, el formato de montaje del encuentro “Teatro Panfleto” nos permite realizar una investigación que lleva a la búsqueda de nuestras propuestas, y que éstas sean posibles de mostrar de modo condensado y sustraído, en una puesta en escena de máximo 20 minutos.

Ficha técnica:

Dramaturgia: Marcelo Soto Opazo

Intérpretes: Yasmín Merli, Rocío Pawluk, Carolina Bosch.

Asistencia de dirección: Mariana Ferreiro.

Diseño coreográfico: Mariana Ferreiro.

Sonidos y Audiovisuales: Maximiliano Amaya.

Dirección: Marcelo Soto Opazo.

Diario de Trabajo.

 

Día 1. 09/05/2015

  • Reconocer el espacio que vamos habitar durante tres meses. Realizar recorrido espacial registrando las perspectivas y buscar los puntos de vista que permite el teatro.
  • Conversamos sobre el miedo, qué significa el proyecto y la residencia para cada uno.
  • Distinguimos intensidades corporales. Cada intérprete (son tres) registró su cuerpo desde un lugar concientizado: piel (Carolina), músculos (Yasmín) y esqueleto (Rocío).
  • A partir de esta concientización, cada una habló sobre el primer registro del miedo desde el fragmento corporal que les tocó.
  • Todo lo dicho en el ensayo, fue grabado en audios que durante la semana volvimos a escuchar para seleccionar frases de modo arbitrario sin importar quién lo dijo.

Día 2. 16/05/2015

  • Cada intérprete leyó las frases que registró de los audios del ensayo anterior. Aquellos fragmentos fueron intercambiados y a partir de la selección realizada por otra compañera, comenzamos a ensayar formas y lugares corporales desde las cuales darle cuerpo a los textos.
  • Integramos dos banquetas como elementos de exploración para la puesta en escena, ya que otorgaron una posibilidad de cambiar el peso de las intérpretes, además de otorgar nuevas posibilidades de movimiento por el espacio.
  • Registro en audios, videos y fotografías.

Día 3. 24/05/2015

  • Trabajar con la diversidad de registros corporales (piel, músculos, esqueleto) y ocupar aquel material para probar a partir de improvisaciones, modos y formas de ejecutar movimientos por el espacio y cómo aquellos iban construyendo junto con las banquetas posibilidades escénicas.
  • Registro video y fotografía.

Día 4. 30/05/2015

  • Al sumar los objetos banquetas, probamos posibilidades de interacción entre el cuerpo y objeto, junto con posibilidades de iluminación y sonidos. Así llegamos a Prokovief y determinar la iluminación de costados a modo de calle.
  • En paralelo, el trabajo sobre el texto, siempre fue desde palabras que salieran desde las ejecuciones corporales, contando al texto como una articulación más del cuerpo.

 

Día 5. 06/06/2015

  • Fijar las delimitaciones espaciales que surgieron de la investigación corporal junto con los elementos “banqueta”.
  • Primera entrega de lo que es la Dramaturgia de “Vivir sin miedo” y ensayo de la misma.
  • Registro fotográfico y videos.

Día 6. 13/06/2015

  • Lectura de dramaturgia de “Vivir sin miedo” y pruebas en escena.
  • Investigación sobre cómo la palabra surge desde el cuerpo de las intérpretes para luego pasar por el cuerpo textual en la hoja en blanco para volver a ocupar un nuevo lugar remasterizado en el cuerpo. Un trasvasije de la palabra entre el texto y el cuerpo humano.

Día 7. 20/06/2015

  • Integración del trabajo realizado desde los distintos registros corporales, que demanda de las intérpretes un compromiso desde una creación a partir de sus corporalidades y cómo aquel punto comanda el resto de las instancias. Poner al cuerpo como lugar que guarda emociones y sentires. Por ejemplo, tener en cuenta que no se es “personaje Piel” sino que ellas son, que sus acciones son “Piel”.
  • Con el paso de la investigación concordamos que el miedo no es algo a lo desconocido, sino que es un miedo porque lo conocemos, porque está en alguna parte de nuestro cuerpo aquel momento primario en que se generó.

Día 8.  27/06/2015

  • Ensayo de la puesta en escena, con un nuevo objeto: caramelos repartidos por el piso. La intención de este nuevo elemento, es jugar con el límite de “lo ensayado” y cómo aquellos elementos repartidos por el suelo, determinan las posibilidades de acciones, además de convertirse en un objeto que compone parte fundamental de la puesta en escena. Jugar con este límite es jugar con lo que como equipo podemos entender como “trabajo finalizado”.

 

“¿Quién eres, realmente, muda de mierda?” El rol subjetivo de la mujer en la obra “Pájaros en la tormenta” de Jorge Díaz

Díaz, Jorge - Náufragos de la memoria

A lo largo de la historia de occidente, desde la etapa clásica hasta nuestros días, se han elaborado prototipos y determinaciones simbólicas con respectos a la mujer. Estas van desde el ideal de belleza buscado por artistas hasta la bruja malvada que sólo desea causar el mal. Sin embargo, un aspecto significativo en estas elaboraciones es que la mujer siempre es apreciada y entendida como objeto, lo cual conduce a que las elaboraciones que se realicen sobre su integridad siempre partirán desde una raíz ajena, desde la visión de los hombres. De modo tal, no extraña que la representación de la mujer, si bien cambia de cultura en cultura, mantiene la reproducción de arquetipos universales. Se aprecia entonces que la representación de la mujer es  a partir de una razón patriarcal que la relaciona obsesivamente con dos polos: la vida y la muerte.

Si abordamos este tema desde el psicoanálisis, lo primero a tener en cuenta es que para Freud, la sexualidad femenina es pensada desde el a priori de lo mismo. Esto es la homologización de lo genérico humano con lo masculino y un consecuente ordenamiento donde lo diferente no se ve, viéndose desde lo mismo. Este ordenamiento conlleva la pérdida de positividad de la sexualidad femenina, continuando la mujer como el “continente oscuro” al cual hacía referencia Freud. Por otro lado, al ser la definición desde construcciones binarias, se tendrá en cuenta que “si el hombre está entero, la mujer tiene algo menos. Lo cual no significa que ellas (las niñas) tienen su sexo, ya que no pene = no sexo. Es decir que, al perder la positividad de lo otro, y estando sólo lo mismo, este enfoque se ha transformado en único[1].

            En este sentido, continuando con lo dicho por Ana María Fernández, la cultura occidental tiende a mutilar al clítoris por medio de estrategias y dispositivos que no por simbólicos son menos violentos. Encontrándose entre estos dispositivos el psicoanálisis.

            Al ser el psicoanálisis unas de estas “armas” patriarcales, es necesario apreciar su contexto de producción, marcado por el inicio de la sociedad burguesa durante el siglo XIX. Siglo que se destaca por la individualización y la privatización de los espacios, motivado principalmente por los médicos con el fin de controlar las enfermedades, en especial las venéreas. El cuerpo comienza a hacerse privado, instalándose fuertes sentimientos de pudor y vergüenza. Es la instauración de estos sentimientos lo que conduce a la sociedad  burguesa ha remarcar en las mujeres valores como la castidad, la pureza y la cautela. La mujer debe ser angelical y virginal, explotando el sentimiento de pudor, además de enseñarle la prudencia manteniéndole “las manos ocupadas”. Manos ocupadas replegadas en la esfera[2] de lo privado, “lo doméstico”, teniendo como características principal estar relacionado a la mujer, al reducto de la casa, y por tanto a lo cerrado, privado, íntimo, cotidiano y pasajero; cuerpos[3] “condenados” a la finitud de la vida y apartados de la inscripción en la Historia.

            Como señala Nadia Aduco, las mujeres fueron obligadas y forzadas a contener sus sentimientos amorosos para preservar su divinidad, la de su familia, o bien para no ser inculpadas de ser acusada de “provocadora de pasiones”. Con esta moral sexual, se hace presente la histeria. Achacada sólo a las mujeres, se les comienza a acusar de simulación, malicia y engaño. Por ejemplo, se desarrollan teorías uterinas, relacionando al “cuerpo femenino enfurecido” con un mal femenino, de una enfermedad de la pasión, o como característica propia de la inestabilidad y debilidad femeninas[4].

            Como podemos apreciar, desde la sociedad y el psicoanálisis se ha determinado una imagen subjetiva de la mujer. Sin embargo, tal imagen no puede no ir de la mano con una las herramientas más usadas por el sistema patriarcal, la representación de la mujer en las artes. Nace la idealización de la mujer en el Arte, representando a la mujer como un objeto de deseo del hombre, artista y espectador, siendo la mujer solo objeto y no sujeto, dejando su propia representación estética en manos del hombre, en este caso el hombre artista. En el Renacimiento la mujer comienza a ser la protagonista de obras pictóricas, convirtiéndose pictóricamente en un ideal, en un símbolo[5]. Símbolo que será mayormente utilizado en el romanticismo, ya que el espíritu romántico es masculino, necesitando de otro, femenino, para definir su “yo”. La mujer entonces debe responder a un papel pasivo para ser el objeto de deseo.

            Estas representaciones como se aprecian no son para nada azarosas, puesto que la pasividad femenina es parte de un imaginario colectivo propio de la modernidad que instituyó una forma de ser mujer que se sustenta, entre otras cosas, según Ana María Fernández, en una trilogía narrativa: el mito de Mujer = Madre, el mito del amor romántico y el de la pasividad erótica de las mujeres. “Estos mitos, articulados unos con otros e inscritos en un particular ordenamiento dicotómico de lo público y lo privado, han hecho posible la construcción histórica de una forma de subjetividad propia de las mujeres entre cuyos rasgos puede destacarse un posicionamiento “ser de otro” en detrimento de un “ser de sí”, que vuelve posible su fragilización a través de diversas formas de tutelajes objetivos y subjetivos[6].

            Sin embargo, desde fines del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, la mujer, como conjunto social y no como categoría, ha pasado a ser integrada al estadio público, desde ser la esclava de la casa a ser la esclava del sistema. Es por ello que para los movimientos feministas la primera asimilación con alguna categoría social va a ser con el proletariado ya que tiene un sometimiento común, aún así, esto acarrea problemas pues el ingreso al sistema implica una palabra presente hasta nuestros días: la competencia. Si bien los movimientos sociales como la revolución rusa integran a la “obrera” como una imagen de “liberación” –que va de la mano con la propia del género- reconociéndola como militante, la palabra “obrera” sigue entendiéndose como “la esposa del obrero”. Tenemos entonces, que la liberación de la mujer es un problema para el “orden público” y la república, que deja la exclusión pero se vuelve discriminatoria[7]. El imaginario colectivo es difícil de cambiar, radicando en ello el problema principal de la representación de la mujer en la esfera social.

            El problema de la “obrera” también se sitúa en las artes, ya que el romanticismo instaló arquetipos de mujeres difíciles de desarraigar de la concepción de los individuos. De ese modo se instalan la figura de la femme fatale de Lessing, la exótica oriental del harem de Delacroix y la princesa de Kierkegaad, entre otros.

            Todas las dimensiones de producción de subjetividad mencionadas hasta el momento deben reconocerse bajo un prisma político, un precipitado histórico que señale el lugar subordinado de la mujer en la sociedad. La mujer sólo tiene la identidad que el varón le otorga. Por tanto, y en síntesis hasta lo que aquí se ha apreciado, podemos señalar que lo que se sabe sobre las mujeres, es en realidad sólo una sospecha, volviendo a reconocerla como “la región oscura”. Un misterio del cual se habla mucho pero que en sí se sabe poco, casi nada.

            Tras haber desarrollado la noción de producciones de subjetividades femeninas, podemos considerar la gran importancia –y violencia- de la construcción simbólica dentro de la cultura occidental. En este sentido, al haber demarcado someramente los aspectos más significativos sobre el “imaginario de mujer” vemos que ellos no son de fácil superación, encontrándose inmersos e interiorizados en cada sujeto haciendo imposible no usarlos como referentes. Esto mismo le ocurre a Jorge Díaz en su obra Pájaros en la tormenta (2007) en donde los personajes de la obra son “él” y “la muda”, en donde “él” es el único ser presente por medio del lenguaje durante toda la obra, mientras que “la muda”, como su nombre lo indica, estará en el escenario completamente callada escuchando las divagaciones del sujeto varón. Pero antes de entrar en el entramado del texto dramático es pertinente realizar algunas anotaciones sobre el autor y su contexto de producción.

            Esta obra escrita en absoluto conocimiento de la muerte inminente se inscribe como la primera obra de la trilogía Náufragos de la memoria[8]. En ella encontramos una síntesis fundamental que permite comprender uno de los temas recurrentes en la obra de Jorge Díaz sobre la condición humana, me refiero a la identidad. Siguiendo tal perspectiva, Díaz ubica su discurso en la llamada transición democrática chilena. En esta suerte de locación identitaria nacional, Díaz devela la carga significante que le otorga al nuevo orden social y político en Chile. Como señala Carla Jara en el prólogo de la obra, se “evidencia su asco personal frente al juego de la doble apariencia, una suerte de travestismo ideológico y político de algunos de aquellos que lucharon contra la dictadura bajo el alero del discurso de la igualdad, la solidaridad y el socialismo, para luego transformarse en garantes y/o en partícipes directos  del discurso inhumano y salvaje del neoliberalismo”[9]. Sin embargo, el lugar desde el cual se sitúan las obras es desde el espanto de los personajes, el desarraigo (local y psíquico), la frustración y la mediocridad, lugares menos explorados, menos resueltos por nuestra sociedad y, por supuesto, el lugar más oscuro de la memoria. Desde este rincón apreciamos la perplejidad de los personajes ante la nueva versión de las cosas y de sí, reconociéndose en la exclusión que genera recordar, aunque sea a tientas y de un modo poco hilvanado en el decir. El exilio de la memoria.

            En la obra Pájaros en la tormenta, como ya se señaló, tenemos un personaje mudo que es “la muda”, lo que permite relacionar el estado de “no habla” con el de “no nombramiento”. El único personaje que habla, “él”, que nombra y se nombra, protagonista y antagonista a la vez en la constante paradoja del devenir de la existencia, llega a la desaparición ante el silencio del otro. Entrañando en la angustia y desorbitado en el lenguaje –en la falta de nombramiento-, vuelve al cuestionamiento básico de su existencia al repetir insistentemente el quién soy ancestral.

            Si tomamos el nombre de la obra, Pájaros en la tormenta, alude al nombre que le  daba la abuela/madre a “él”, personaje varón, por las descripciones que hace de su propio cuerpo. A lo largo de su relato, él se nombra y describe en función de los distintos nombres que ha ido recibiendo en su vivir y que, por supuesto, han tenido un eco de significancia en su experiencia. No es capaz “él” de nombrarse a sí mimos sin hacer referencia a lo que los otros han dicho de él. La identidad entonces como una formación que surge en relación con la otredad; el otro que permite observarnos como perímetro, limitado.

            Es por ello que en la reconstrucción que intenta llevar a cabo “él” sobre su propia memoria, la mujer cumple un papel trascendental ya que no sólo se presenta a través del personaje de la muda, sino que también por medio de las mujeres de sus recuerdos: la madre ausente, deformada en maldad de la abuela, que encarna el destete. La búsqueda del otro que define.

            Como apreciamos en la primera parte de este trabajo, la noción de la madre, mujer, abuela, se liga en esta obra con la relación de estas figuras con la historia y la tierra, como responsables de la continuidad de la vida, además de ser las “guardadoras de la historia”, de la memoria. Por tanto, el hecho de tener a “él” como un hombre desconocido hasta para sí mismo, corresponde a la convivencia con una mujer muda que no tiene ganas de escribir  su nombre en las murallas, como un grito. Para Lacan, lo que define nuestra identidad es el objeto que dirige nuestra mirada y nuestro paso, ese objeto inalcanzable que causa nuestro deseo y que Lacan cifraba como a[10]. Si el deseo es entonces lo que más íntimamente nos define, se puede afirmar que la identidad, en tanto construcción que hace el otro, es enajenante,  ya que desvía la dirección de nuestro deseo. Construcción que se lleva a cabo mediante el lenguaje y que en la obra es dirigida por “él”, quien le otorga a cada una de sus “mujeres” las características que el desea: “¿Por qué te llamo Aurora?… Te invento nombres cada día. Debería llamarte Muda, nada más, o más bien Miedo o Locura, pero no, me siento obligado a darte una identidad y te llamo Aurora, Isabel, Rosa o Teresa, como si el tener un nombre significara algo” (23).

            El hombre miedoso de recordar se siente seguro ante la muda ya que ella no le puede hacer preguntar ni otorgarle alguna identidad. Además, en otro lugar donde encontraría protección sería el vientre de la madre, “único espacio posible de libertad, de identidad, único lugar donde aplacar las taquicardias de la angustia” (24). Sin embargo, “él” no recuerda a su madre, pero sí a su abuela: una abuela sorda con audífono, ausente, aferrándose a este recuerdo como un náufrago. Recuerdo que no es para nada grato, ya que es esa abuela la que lo ha inventado, quien viendo los reflejos cambiantes de la vela en el agua le leyó su futuro: “<<Eres como un pájaro en la tormenta. Los vientos te arrastran hacia el suelo. Es inútil que trates de remontar el vuelo. Terminarás siempre herido, quebrantado, arrastrado como un pájaro ciego>>”.

            La necesidad del hombre por encontrar su identidad a partir de la figura femenina se hace latente, aún cuando ella lo determine de forma negativa. Esto mismo le sucede con la muda, a quien cataloga de fea y hermosa a la vez por el sólo hecho de estar con él: “Porque no eres bonita, muda sin nombre, tú lo sabes, pero me dejas aferrarme a ti. Y eso te hace hermosa, solo eso”.

            “Él”, teniendo a la mujer muda como talismán, sigue su búsqueda por sus recuerdos, encontrando en la ofensa a un médico un signo de vida: “El amnésico empieza a recordar el lenguaje”. A continuación, aparece la imagen de otra mujer, la enfermera, quien posee abultados senos que derrama en la mesa, “como una forma de demostrar una autoridad mamaria”, para darles al paciente “él” varias cajas de venenos diversos. Tras ello, continuado con el recuerdo, sale al patio y ve a un paciente que se masturba frenéticamente. Al ver a este hombre “él” piensa: “otro que está descifrando el misterio de su identidad”. Él en cambio, en vez de masturbarse prefiere aferrarse a la mudita.

            Apreciamos en los pasajes señalados anteriormente el marcado uso que desarrolla Díaz sobre las nociones simbólicas que poseen cada una de las regiones corporales nombradas. La sublimación ante el seno femenino de la enfermera y el rechazo a la masturbación del pene, marcan una gran presencia de referencias a aspectos definidos por el psicoanálisis, nociones que no son desconocidas por el autor y que con el tiempo se han arraigado profundamente en nuestra cultura. Como “él” mismo lo señala, “por la puerta entornada de los sueños, entró todo lo que las palabras se niegan a decir”. Sus sueños se convierten en la llave para recorrer la casa olvidada que es su vida, aquella marcada por la abuela y su olor a gato, encontrándose “él” acompañado de la muda en medio del pasillo de la gran “casa de campo”, sin atreverse a “abrir las puertas” ya que en alguna de ellas puede estar “él” gritando. Las voces se confunden al estar recorriendo su propia casa, marcada por la guía totémica de “la muda”, principalmente por la evocación desde los sentidos placenteros y ya no desde la abuela: una playa, un páramo, besos húmedos, un niño tímido con los dedos manchados de tinta y luego, un adolescente que cruza una puerta, relacionada con el primer encuentro sexual: “Olor a permanganato, una colcha dudosa que conservaba la huella del pie del cliente anterior, con demasiada urgencia para quitarse los zapatos: altar de la blenorragia con un reloj despertador sonoro… tic, tac… como un taxímetro”. Aún así, “él” sigue deseando la cercanía y la complicidad de la muda antes que las elaboraciones mentales que pueda realizar con ella al lado. Ella se transforma en lo más importante para “él”, como boya a la cual aferrarse antes de ir a recorrer las hondonadas olas del mar que es su memoria.

            Ante la pregunta del “loquero” de por qué no vuelve a casa, el responde que ha perdido la llave, pero “¿cómo le podía decir que lo que he perdido es la llave de mi mente?”. Sin embargo, la mente que ha perdido es aquella ajena al pasillo de la abuela, donde supuestamente se atesoran otros recuerdos más amenos y menos torturadores. En ese instante vuelve a aparecer otra imagen simbólica relacionada con el psicoanálisis, la vuelta del abuelo, ahora con cáncer, que abandonó a su abuela diciendo que no había pasado nada en su ausencia. Aquellas visiones siguen siendo realidades subjetivas incapaces de asir el tormento de su agobio, el cual sigue intentando llenar por medio del lenguaje, de la palabra, como se lo recomiendan los psiquiatras: “<< ¡Hable, hable!, me dice el loquero. Todo se arreglará con el verbo. >>”

            Para “él” la palabra no le sirve y lo único a lo que lo ha conducido ha sido a la desesperación. Desesperación que lo encierra ya que sabe la necesidad que tiene de las palabras para vivir o morir (o vivir muriendo), reconocerse y desconocerse. Incertidumbre que lo conduce a desconfiar de su “boya” y su silencio, ya que empieza a apreciar el desconocimiento que tiene por aquella figura, cambiando su temperamento, formulando preguntas que nunca recibirán respuestas: “Soy impotente mudita y a ti no te importa. ¿Y qué es lo que te importa, entonces? ¿Qué quieres de mí? ¿Te consuela que te abrace un minusválido más lisiado que tú? ¿Te da placer el abrazo de un ahogado? ¡No estoy muerto! ¡Lo parezco, pero no estoy muerto!”. Inmediatamente tras ello vuelve a la calma pidiéndole que no se marche. La necesidad de escucharse, realizarse gracias a su corporeidad femenina obligada a escuchar. La muda en este sentido, al igual que la mujer de  la leyenda de Schehrezade se encuentra sin salida. Si bien ella no cuenta historias para mantenerse viva, ella está condenada a escuchar sin poder emitir palabra alguna. No puede dejar a su hombre, trata de producir el mínimo de aflicciones, renuncia a su libertad, abandonando su propio juicio a favor del de él. Ella ha perdido la conciencia de ser mujer adulta. La mujer está aterrada de su propio poder, sacrificando sus propios derechos considerando que es en beneficio de su compañero[11]. Lo anterior en el caso de la muda es llevado hasta el paroxismo, ya que ella nunca tiene la opción de renuncia a una condición, puesto que siempre ha estado fuera de toda posibilidad por representarse o validarse autónomamente. Además, su no expresión es considerada sospechosa por “él”, quien termina por considerarla cómplice de los “amaestradores de locos”, relacionándola con el aparataje controlador ante el cual “él” desea revelarse. Esta contradicción no me parece para nada novedosa, más aún teniendo en cuenta la construcción subjetiva de la mujer desde la época clásica hasta nuestros días.

“¿Quién eres, realmente, muda de mierda?

¡Habla! ¿Quién te paga para vigilarme y sacarme lo que se te antoja?…¿Qué sabes tú de mí?… ¡Todo lo que yo he olvidado lo sabes tú!

¡Habla, puta de mierda!

¿Qué está pasando en esas piezas llenas de gritos?

¡Tú lo sabes! ¡Me quieren mandar de nuevo a abrir y cerrar puertas de ese pasillo!

¡¡Habla puta de mierda!!” (30)

            Este grito hacia “la muda” da paso a la parte final de la obra, donde “él” reconoce haber estado en una de esas piezas de tortura. Aquello no le sirve para responder la pregunta “¿quién torturaba a quién?”, rogando a la mudita que le cuente la historia, como mujer condenada a ser cómplice de las vidas que pasan por sus ojos. Y aún cuando él podría ser el torturador de “la mudita”, su silencio lo tortura. “Si fui torturado, debo tener señales, cicatrices. ¿Las tengo?… ¡Dímelo, por favor!”. Y la mudita no puede hablar. Y en su silencio, en una imposibilidad de nombrarlo torturador o torturado, lo confina a la angustia de no saber quién es, lo deja sin redención. Y sin espejo en el cual apreciarse.

            Como hemos apreciado a lo largo del análisis de la obra Pájaros en la tormenta, podemos observar que en ella encontramos una determinada figuración de la mujer con respecto al hombre y la sociedad. “La muda” cumple la función pasiva adecuada para el desarrollado varonil, acorde al patriarcado, respondiendo de ese modo a toda una imaginación en torno a la mujer construida a lo largo de su reproducción como objeto deseado por el hombre y para el hombre. Sin embargo, el hecho que la mujer de la obra sea muda no le permite a “él” tener todo lo deseado de ella, ya que el hecho de enfrentarse a una mujer sin habla lo lleva a escuchar una sola voz, la propia, quedando su identificación con otro cuerpo, y único a su alrededor, incompleta, socavada. Tenemos entonces no una completa relación de satisfacción varonil ante la mujer, puesto que ella con su silencio impuesto genera en el hombre la angustia por no responder a su necesidad de escucharla, cayendo en el agobio ante la incertidumbre por no saber quien y que se es completamente.

Finalmente, si bien la muda sigue respondiendo a la subjetividad creada por el patriarcado, cabe destacar el rol alegórico que se alcanza a través de ella, ya que como muda conocedora de la historia, responsable de la vida y referente para determinar identidades, se ocupa su figura de adecuada forma para presentar el estado de náufragos que el autor estima en la sociedad chilena de inicios del siglo XXI, ya que si apreciamos a “la muda” como esa historia desconocida presente en las últimas décadas en nuestro país y a “él” como la sociedad neoliberal chilena sin raíces, da como resultado una gran manera de ocupar las creaciones subjetivas de mujeres y varones ideadas a lo largo de la historia, las que aún cuando no responden a una paridad genérica, seguirán rigiendo quizás hasta el fin de los tiempos, en este mundo donde la serpiente engañó a Eva y ésta comió del fruto prohibido, condenando al pobre Adán al destierro del paraíso…a ser pájaros en la tormenta.

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Jorge Díaz, 1993


Bibliografía.

Abelin Sas, Gabriela. La leyenda de Shehrezade en la vida cotidiana en Género, análisis y subjetividad.
Aduco, Inés. La sexualidad en la sociedad burguesa europea de fines del siglo XIX y el impacto de la obra freudiana.
Díaz, Jorge. Náufragos de la memoria. Ril ediciones Santiago de Chile, 2008.
Fernández, Ana María. Una diferencia muy particular: la mujer del psicoanálisis en La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres.
————————–. ¿Historia de la histeria o histeria de la historia? en La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres.
————————–. De eso no se escucha: el género en psicoanálisis en Género, psicoanálisis y subjetividad (comp. Burin, Mabel).Editorial Paidos. Argentina, 1996
Foucault, Michael. Historia de la sexualidad: La voluntad del saber. Buenos Aires: Siglo XXI editores, 2003.
Geneviève Fraisse. Los dos gobiernos: la familia y la ciudad. Madrid: Ediciones Cátedra, 2003.
Hannah Arendt. La condición humana. Buenos Aires: Paidós, 2003.
Le Bretón, David. Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires: editorial Manantial, 1988.
Perrot, Michelle. Mujeres en la ciudad. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1997.
Sardá Yantén, Tatiana. Mujer-Artista, Objeto-Sujeto. La problemática de la representación femenina. Memoria para optar al título de Artista Fotográfico, Universidad de Chile, Facultad de Artes, departamento de Artes Visuales. Santiago, 2006.


[1] Fernández, Ana María. Una diferencia muy particular: la mujer del psicoanálisis en La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres. Pág. 96.

[2] Término utilizado por Hannah Arendt en La condición humana (Barcelona; Buenos Aires: Paidós, 2003) y por Geneviève Fraisse en Los dos gobiernos: la familia y la ciudad (Madrid; Ediciones Cátedra, 2003).

[3] Cuerpo entendido como constructor social reelaborado históricamente. Al respecto, ver: Foucault, Michael Historia de la sexualidad: La voluntad del saber; Turner, Bryan. El cuerpo y la sociedad. Exploraciones en teoría social; y Le Bretón, David. Antropología del cuerpo y modernidad.

[4] Para saber más sobre el tema, leer: Fernández, Ana María. ¿Historia de la histeria o histeria de la historia? en La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres; y Aduco, Inés. La sexualidad en la sociedad burguesa europea de fines del siglo XIX y el impacto de la obra freudiana.

[5] Sardá Yantén, Tatiana. Mujer-Artista, Objeto-Sujeto. La problemática de la representación femenina. Memoria para optar al título de Artista Fotográfico, Universidad de Chile, Facultad de Artes, departamento de Artes Visuales. Santiago, 2006. Pág. 51.

[6] Fernández, Ana María. De eso no se escucha: el género en psicoanálisis en Género, psicoanálisis y subjetividad (comp. Burin, Mabel).Editorial Paidos. Argentina, 1996. p. 169.

[7] Para apreciar cómo se desarrolla la representación de las mujeres en la ciudad, ver: Perrot, Michelle. Mujeres en la ciudad. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1997.

[8] Díaz, Jorge. Náufragos de la memoria. Ril ediciones Santiago de Chile, 2008.

[9] Op. cit. p. 10.

[10] Op. cit. p.13

[11]Abelin Sas, Gabriela. La leyenda de Shehrezade en la vida cotidiana en Género, análisis y subjetividad. Op. cit. p.39

Socorro, me perdí en un mall (O, ¿tiene parche curita?*

De vez en cuando y de cuando en vez, se tiene que hacer una compra apurada. Y a esa hora, en día feriado no hay dónde, y lo único que queda es caer en el embrujo grandilocuente de los malls, esos tremendos monstruos de supermercados repartidos por todas las comunas. Y es tan espectacular el despliegue de luces, estacionamientos, cines, cafeterías y demases, que uno queda medio turnio con tanto embeleco comercial, queda medio aturdido con tanta oferta cuando sólo se busca algo sencillo, algo tan simple  como un parche curita. <<¿Y de qué marca?>>, me dice la niña de informaciones, arreglándose los visos del pelo. <<De cualquiera>>, le digo, mirando la gran cantidad de personas que tienen estos aeropuertos del consumismo. <<De esa marca no hay>>, me contesta la niña, y yo le insisto y ella me entrega un plano de todas las secciones, indicándome varios puntos donde puedo encontrar mi parche curita.

Y así cruzo la puerta con detectores antirrobos, donde una patota de guardias de azul me mira con desconfianza, como perros de casa de ricos, y yo también les doy una mirada de desprecio a esa policía clasista que se dedican a perseguir gente morena con facha de pobre, sapeándote por los pasillos a ver si uno se chorea algo. Esos guardias de supermercado que a las viejas pitucas las reciben como reinas y las acompañan llevándole los paquetes hasta los autos. Pero no me detengo allí, total uno sabe que este país tiene la lepra del arribismo. Y me interno por las secciones de alfombras, muebles y electrodomésticos donde todos los equipos de música prendidos arman una batahola de radios y música tecno. Una bulla que no deja escuchar al vendedor mi pregunta sobre el parche curita. <<¿Qué cosa?>>, me dice el joven sacándose los audífonos. <<Parche curita>>, casi le grito en el oído. <<Sección farmacia, pasillo B>>, me aúlla volviendo a su éxtasis musical. <<Deberían entregar una brújula>>, le contesto mientras pasan a mi lado carros repletos de plantas plásticas, desodorantes ambientales, comida de perros, y cuánta mugre inútil que compra la glotona clase media y su drogadicción por las chucherías suntuarias, las mismas que se encuentran en la calle a precio de chaucha, pero aquí se pagan a precio de oro solamente porque se venden el empaquetado siútico del mall. Después me pierdo en los estantes de alcohol y licores, donde unas azafatas de pisco Capel ofrecen degustación en un dedal, y cuando uno pide otro, te contestan con aburrimiento que sólo si uno va a comprar la botella. De ahí, sigo el tour buscando mi parche curita, y de pronto me encuentro en una selva de zapallos, lechugas, tomates y brócolis, todos plastificados, regiamente envueltos en bandejitas y celofanes. Y a mi lado un niñito me pide que le alcance una manzana forrada de plástico, y pienso que estos niños que vienen al mall no saben que las frutas nace de los árboles, lo mismo que los huevos que los ven en cajas y piensan que no tienen relación con una gallina. Es decir, la tierra, el campo y la naturaleza existe en otro plano, fuera de la ciudad, lejos de los malls y su producción sintética. Lo mismo que los pescados tiesos de hielo, los peques creerán que viven así, como en la Antártida. Otra distorsión de la modernidad, pienso, mientras me sumerjo en las miles de marcas de cereales yanquis que las dueñas de casa llevan a sus niños. << Señor, ¿sabe dónde puedo encontrar parche curita?>>, me atrevo a preguntar a un hombre que repone mercaderías. <<¿Parche curita?>>, dice mirándome como si le preguntara por un ovni. <<Que yo sepa no hay, pero puede preguntar en la sección 7-X>>. <<Ya sé, no se preocupe>>, le digo cansado, mirando todo el abecedario y números que indican los pasillos. A estas alturas, el parche curita me da lo mismo, y la pequeña herida de mi mano ha cicatrizado de tanto preguntar. Luego agotado sólo busco el letrero que indica la salida, y por suerte después de seguir mil flechas, vuelvo a pasar por los detectores antirrobos con el susto que esas huevadas se equivoquen y comiencen a sonar las alarmas y me caiga encima la jauría de guardias. Pero no ocurre, y salgo a la calle con la sensación de haber recorrido Miami, Hollywood, Disneylandia, Manhattan y Tokio al mismo tiempo, y solamente en una hora.

Al salir me recibe la bullanga callejera y camino respirando hondo y libre de escapar de ese laberinto de ilusiones. Y en la cuneta, humildemente una mujer me sonríe, ofreciéndome con su gracia de contrabando callejero: <<¿No va a llevar un parche curita, señor?>>.

Lemebel, Pedro - Zanjón de la Aguada

* Lemebel, Pedro. Zanjón de la Aguada. Editorial Planeta, 2003.