Hay que exponerse, hay que desocupar la pieza.

27.07.14

Luego de más de una semana de estadía en Santiago, vuelvo a la escritura. No lo había hecho más que por chat, específicamente con los amigos, compartiendo sentimientos del momento y enclaustrando los motivos literarios de la urgencia del hoy. Bueno, esa  capacidad de pensar con cada acción ocurrida –con cada acontecimiento- una nueva motivación literaria, un nuevo argumento. Algunas líneas de algún libro, de algún cuento, de algún personaje. Bueno, quizás mucho más que un personaje. Hoy es domingo por la noche, esa cicatriz normal del fin y del inicio, ese frío interno de las ausencias en esos momentos. En donde la lentitud de la noche, la agonía imparcial de la cercanía familiar cobra su lado más terrorífico. Esa letal abyección, esa costra amalgamada, de ocultar el pecho cerrado con tanta bella palabra. Hoy vuelvo al teclado, hoy vuelvo a los días de hojas en blanco y libros apilados tras el computador. Hoy, es hoy. Y hoy soy yo. Así de simple. Hoy, me aparto del contexto, prendo los audífonos a mis orejas y en vez de decir que no deseo ver a nadie, me encierro y escucho el disco corazones de los prisioneros. Atento a los reflejos de luz de la ampolleta proyectada hacia la cortina, dejo que las primeras palabras sea una soltura de las manos, dejo que desaparezca el frío y las ganas insidiosas de fumar por fumar, por hacer algo fuera de esta obligación, lejos de estas costuras que es rehacer un texto. Un texto, un tejido de los años, una programación de ideas calientes, de preguntas. Tengo temor de mencionarla, tengo temor de escribir por no saber hacia dónde dirigiré lo que siento ante estas hojas. Siento miedo de mí mismo porque al escribir me adentro, me recorro con un kit de limpieza, con una gama de leds pegados en la frente y las manos dignas de cortar cada racimo de malestar, sabiendo que no se logrará. Y ya aquí respiro profundo, creo que es necesario sacar las manos del teclado y poner a servir mate. Servir mate. Servir para no servirme. Creo buscar ganas de ir al baño, ganas de ir a sentarme ante la mesa y salir de acá. Pero no, debo soltarme, debo volver, debo saber que aquí, en esta conexión entre la escritura y yo, entre mis manos y la computadora, entre mi cuerpo sentado y las vértebras en línea recta, entre tan poco espacio ocupado, en esa nación extraordinaria, lograré vomitar. Lograré meterme los dedos en la boca para sacar, para vomitar lo que el estómago se niega a procesar. Lo que el organismo desea romper. Tengo dudas cuánto demoraré en ésta tarea. Tengo dudas de todo. Tengo unas implícitas interrogantes. Imperativas preguntas. Pausa. Pausa. Agua al mate. Y revisa el facebook. Todo a su tiempo. Tranqui.

Todo el  mundo piensa que está sufriendo como nadie más, cuéntame una historia original. Eso, escucha

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