El inútil de la familia

 

“La mariposa volando;

Me siento

Una criatura del polvo.”

Issa

 

Cuando me pidieron escribir sobre un signo de puntuación, lo primero en aparecer fue otra encantadora posibilidad. Apareció ante mí la “nota al pie de página”. Luego, anulé las posibilidades de escribir sobre la nota al pie, porque no entra en el selecto grupo de signos de puntuación. Sí, si ya lo sé, no es un signo, pero en él existe un gesto atrayente, maravilloso: la posibilidad de mirar el pie. Ahora, querido lector, lo invito a que mire su pie, el que usted desee (en caso de haber sido amputado, las disculpas respectivas). Bien, ahora observe lo que hay alrededor de él, y verá amargos destellos de realidad, posiblemente el lugar en donde se encuentra. Cuando se sienta satisfecho de su acción, vuelva la vista al frente, al texto. Su visión no será la misma, tendrá en su mirada un leve sentido de lugar, conjugándolo con la distancia y amplitud en un territorio plagado de nuevas significaciones que siempre le recordarán que usted es un cuerpo.

Esta imagen de la nota al pie, no sería posible de ejecutar sin la presencia magnánima de los signos de puntuación. Jean-Luc Nancy en su libro La ciudad a lo lejos, nos plantea: “la Ciudad es un lugar donde tiene lugar algo diferente al lugar” y que lo que alcanzamos a asir es sólo lo que la misma Ciudad nos propone, en donde todo lo que admiramos, comprendemos, recordamos y entendemos; son nuestros propios límites. Nos entregan “puntos” de referencia en un mapa, signos en donde el hombre se define en cuanto transeúnte. Y acaso, ¿no son esos signos de puntuación los que nos definen? ¿No son ellos quienes nos conectan con los textos y hacen posible la lectura?

Armando Uribe habla del “misterio de la puntuación”, donde “las puntuaciones constituyen lo que no se dice explícitamente, desde el silencio siempre variado en su significación, y que expresan diversamente el paso del tiempo y la multiplicidad de los espacios poéticos”. El signo, lo imposible de escribir, el ritmo del cuerpo, el gestus corporeus, el hálito (¡alma!) que transforma los hilos en tejidos, en textos.

La puntuación por tanto es ritmo, y por ende gesto, la presencia remitida a un cuerpo en movimiento. Si bien todos los signos de puntuación son marcas de ritmo, hay uno en particular que condensa la presencia del gesto; nos referimos al “punto y coma”. Mezcla entre la suma y el final, los recuerdos y su límite, la vida y la muerte; el “punto y coma” se transforma en el artista de la familia, el danzante de los signos, el de inútil belleza, “la suspensión completa de la voz”, un Kafka en Praga, un Vallejo en Francia; un arabesco en acción, ese instante sublime entre el brinco y el aterrizaje, imperceptible sensualidad inusitada, según Barthes, de la pantorrilla de bailarina.

Quizás acá radique su desaparición de los escenarios, en un contexto de escrituras donde apremia la enumeración y el fin, invitando a dar vueltas ociosas por las ciudades-textos; o bien, yendo los transeúntes-lectores a la carrera por calles-oraciones en donde el miedo a quedar sin voz, contagia de una sensación de urgencia y de necesidad que los vuelve por cierto rivales cuando se trata de llegar o pasar antes que los otros, de tomar el bus, de pasar un semáforo en rojo, de llegar al punto final.

Ahora, recordemos la “nota al pie”, ese ejercicio en la lectura muchas veces pasado por alto, que en el instante de movilizar la mirada pone en acción el salto de bailarina del “punto y coma”, en donde una leve acción, un cambio de ritmo, nos recuerda que el texto al igual que nosotros, de vez en cuando pida una tregua, que no sea punto ni coma, sino un quedar sin voz para transmitir el paso del tiempo, suspendido entre la calle y la acera.

Bibliografía

Barthes, Roland. Roland Barthes por Roland Barthes. Trad. Fombona, Julieta. Monte Ávila Ediciones Latinoamericanas, 1997.

Issa. Haiku, Poesía del deleite. Arellano, Álvaro (selección). Editorial Cuatro vientos, Santiago de Chile, 1997.

Nancy, Jean-Luc. La ciudad a lo lejosManantial, Buenos Aires, 2013.

Uribe, ArmandoEl Poeta y el Poder, en Martinez Juan Luis – La Nueva NovelaEdiciones Archivo, Santiago de Chile, 1977.

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5 pensamientos en “El inútil de la familia

  1. Lindo su escrito, Marcelito… Muestra la sensibilidad de su ser, aunque usted intente parecer más racional!!… Cuando usted escribe sobre algo tan normado y nos permite conectarnos con nuestro interior, es que realmente, lo escribió de corazón… Felicitaciones!!!

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  2. Pingback: El inútil de la familia – Nota al pie Teatro

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