ITACA – Constantito Kavafis

ITACA – Constantino Kavafis. Ediciones Tácitas, 2015. Disponible en @bpdigital.cl

 

itaca

Constantino Kavafis (1863 – 1933), poeta griego, sino el más importante del siglo xx. Publicó poco en vida, casi todo suelto o en dos breves tandas. Hasta que alguien lo leyó, difundió y se extendió por todo occidente. Es que el poema “Itaca” es tan bello. De esos poemas atemporales que revuelven al lector según el momento y etapa de la vida. Es que entre tantas reminiscencias históricas, míticas, aparecen versos potentes, sutiles en veces. Además que todo está medio corrido, con la distancia del que pule las palabras, que perfecciona las imágenes. Y hay mucho de goce y deseo en su escritura, de ir al encuentro, de capturar eso que se pierde.

Si bien sus libros son difíciles de encontrar o bien tienen precios –en Chile- no muy accesibles, está disponible el libro en versión digital en Biblioteca Pública.

Publico cuatro poemas que deseo recordar, compartir y difundir: “Olvido”, “En el puerto”, “Itaca” y “El gato”.

 

Olvido

Encerradas dentro de una florería,

bajo las vidrieras, las flores olvidan

cómo es el brillo del sol

y cómo soplan las brisas frescas cuando pasan.

                (Mayo 1896)

 

En el puerto

Joven, de veintiocho años, en un barco de Tinos

llegó Emes a este puerto sirio,

con el propósito de aprender perfumería.

Pero en la travesía se enfermó. Y apenas desembarcó, murió.

Su entierro, muy pobre, se hizo aquí.

Pocas horas antes de morir, algo susurró sobre un “hogar”, sobre “padres muy ancianos”.

Pero quiénes eran ellos nadie lo supo,

ni cuál su patria en el vasto mundo panhelénico.

Mejor. Porque así mientras yace muerto en este puerto,

siempre tendrán sus padres la esperanza de que esté vivo.

 

Itaca

Cuando salgas en el viaje hacia Itaca,

desea que el camino sea largo,

pleno de aventuras, pleno de conocimientos.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al irritado Poseidón no temas,

tales cosas en tu ruta nunca hallarás,

si elevado se mantiene tu pensamiento,

si una selecta emoción de tu espíritu y tu cuerpo embarga.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al feroz Poseidón no encontrarás,

si dentro de tu alma no los llevas,

si tu alma no los yergue delante de ti.

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas estivales

en que con cuánta dicha, con cuánta alegría

entres a puertos nunca vistos:

detente en mercados fenicios,

y adquiere las bellas mercancías,

ámbares y ébanos, marfiles y corales,

y perfumes voluptuosos de toda clase,

cuanto más abundantes puedas

perfumes voluptuosos;

anda a muchas ciudades egipcias

a aprender y aprender de los sabios.

Siempre en tu pensamiento ten a Itaca.

Llegar hasta allí es tu destino.

Pero no apures tu viaje en absoluto.

Mejor que muchos años dure:

y viejo ancles en la isla,

rico con cuanto ganaste en el camino,

sin esperar que riquezas te dé Itaca.

Itaca te dio el bello viaje.

Sin ella no hubieras salido al camino.

Otras cosas no tiene ya que darte.

Y si pobre la encuentras, Itaca no te ha engañado.

Sabio así como llegaste a ser,

con experiencia tanta,

ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan.

 

El gato

El gato para la gente común es antipático.

Magnético y misterioso cansa

sus fríos espíritus; y sus graciosos modos

ellos no estiman

…                        

pero es el alma del gato su orgullo.

Su sangre y sus nervios son la libertad.

Nunca son serviles sus miradas.

En lo siempre secreto de sus pasiones,

en la limpidez, en la calma

y belleza de sus actitudes, en la sobriedad

de sus manifestaciones, cuán delicada

pureza de sensaciones se encuentra.

Cuando los gatos se entregan a la ensoñación o duermen

los rodea la frialdad de la visión.

Acaso entonces vagan a su alrededor

fantasmas de antiguos tiempos.

Quizás la visión los conduce a Bubastis,

donde sus templos florecían,

y donde el culto de Ramesos los coronaba,

y cada movimiento de ellos

eran augurios para los sacerdotes.

(1891)

 

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La presente edición la encuentran en la página de la editorial: https://www.edicionestacitas.cl/tienda/product/612_itaca

La traducción ha sido realizada por el profesor chileno Miguel Castillo Didier, uno de los mayores expertos en poesía griega moderna y especialmente en la de Kavafis. La selección, a cargo de Diego Maquieira y Cristóbal Joannon, cubre los poemas que el autor publicó en vida –los “canónicos”, aquellos que repartió de manera privada en hojas sueltas– así como los inéditos, inconclusos y repudiados.

Atributo Detalle
ISBN13 9789568268763
Año 2015
Número Edición 1° Edición
Dimensiones 18,5X12
Encuadernación Rústica
Páginas 133
Colección Colección Sic
Precio Referencia 8000 pesos chilenos
Editorial Ediciones Tácitas

 

Línea de tiempo “Historia del cine”

Comparto línea del tiempo de la historia del cine, desde su invención hasta mediados del siglo xx. Si bien toma los antecedentes del cine europeo y norteamericano, permite una visión condensada de la diversidad de manifestaciones audiovisuales más significativas para la historia del cine. Ésta fue realizada con la plataforma “Padlet”, herramienta educativa que permite realizar contenido interactivo. Es por ello que junto a cada hito encontrarán links para ver más información o las películas completas disponibles, principalmente, en youtube.

Made with Padlet

 

Hecho con Padlet

4 Libros de Rita Segato en PDF

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Rita Laura Segato es Ph. D. en Antropología Social de la Queen’s University of Belfast. Es profesora del Departamento de Antropología de la Universidad de Brasilia e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones (CNPQ)

Sus áreas de interés son la comparación en las variaciones de las representaciones de lo mestizo en las diferentes formaciones nacionales de alteridad, con especial interés en el mestizaje como genocidio y blanqueamiento para producir el sujeto incluido de las élites nacionales; mestizajes que producen el no-blanco genérico de los países del continente. El criollo de arriba y el criollo de abajo.

 

Las estructuras elementales de la violencia

Ensayo sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos.

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Los nueve ensayos aquí reunidos analizan aspectos diferentes de la estructura patriarcal que conocemos como “relaciones de género” y apuntan a un modelo de comprensión de la violencia. De toda violencia. Aun admitiendo que se trata e un proyecto osado, no desiste de someterlos al juicio del lector, pues las tesis que le dan unidad, y que acabo recogiendo sintéticamente en el capítulo final , son el resultado de cerca de dos décadas de elaboración y exposición, sobre todo frente a la siempre atenta e inteligente audiencia estudiantil en mis clases de la Universidad de Brasilia.

 

Descarga aquí: Rita-Segato-Las-estructuras-elementales-de-la-violencia

La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez

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Si el acto violento es entendido como mensaje y los crímenes se perciben orquestados en claro estilo responsorial, nos encontramos con una escena donde los actos de violencia se comportan como una lengua capaz de funcionar eficazmente para los entendidos, los avisados, los que hablan, aun cuando no participen directamente en la acción enunciativa. Es por eso que, cuando un sistema de comunicación con un alfabeto violento se instala, es muy difícil desinstalarlo, eliminarlo. La violencia constituida y cristalizada en forma de sistema de comunicación se transforma en un lenguaje estable y pasa a comportarse con el casi-automatismo de cualquier idioma.

Rita segato nos presenta en este texto una hipótesis respecto de este preciso problema: la violencia expresiva. A diferencia de la “violencia instrumental”, necesaria en la búsqueda de un cierto fin, la violencia expresiva engloba y concierne a unas relaciones determinadas y comprensibles entre los cuerpos, entre las personas, entre las fuerzas sociales de un territorio. Es una violencia que produce reglas implícitas, a través de las cuales circulan consignas de poder no legales, no evidentes, pero sí efectivas.

Descarga aquí: Segato,Rita – La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juarez

 

La guerra contra las mujeres

Sinopsis:

En el presente volumen, permanecen las formulaciones iniciales de la autora sobre género y violencia: 1) la expresión “violencia sexual” confunde, pues aunque la agresión se ejecute por medios sexuales, la finalidad de la misma no es del orden de lo sexual sino del orden del poder; 2) no se trata de agresiones originadas en la pulsión libidinal traducida en deseo de satisfacción sexual, sino que la libido se orienta aqué al poder y a un mandato de pares o cofrades masculinos que exige una prueba de pertenencia al grupo; 3) lo que refrenda la pertenencia al grupo es un tributo que, mediante exacción, fluye de la posición femenina a la masculina, construyéndola como resultado de ese proceso; 4) la estructura funcional jerárquicamente dispuesta que el mandato de masculinidad origina es análoga al orden mafioso; 5) mediante este tipo de violencia el poder se expresa, se exhibe y se consolida de forma truculenta ante la mirada pública, por lo tanto representando un tipo de violencia expresiva y no instrumental.

Descarga aquí: Segato, Rita – La guerra contra las mujeres

 

Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres

Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres

En Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres, Rita Segato afirma que las nuevas formas de la guerra, caracterizadas por la informalidad, se despliegan hoy en un espacio intersticial que podemos caracterizar como para-estatal porque se encuentra controlado por corporaciones armadas con participación de efectivos estatales y para estatales.

En esa esfera de para-estatalidad en franca expansión, la violencia contra las mujeres ha dejado de ser un efecto colateral de la guerra y se ha transformado en un objetivo estratégico de este nuevo escenario bélico. Se examinan aquí las transformaciones históricas que circundan la informalización de la guerra y la centralidad que asume en ellas una “pedagogía de la crueldad” contra aquéllos que no juegan el papel de antagonistas armados – mujeres y niños – en los enfrentamientos.

Descarga aquí:  Segato, rita. Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres

  • [Todos los textos compartidos en esta publicación han sido recopilados de diversas páginas web que permiten descargar y copiar sus textos. El motivo de compartir estos textos es para colaborar con la difusión y acceso a contenidos relacionados con las reflexiones y el trabajo teórico de Rita Segato]

¿Arroz blanco o arroz integral?

Arroz

¿Qué cocinar? ¿Para cuántos días? ¿Blanco o integral? ¿Con verduras o solo? ¿Y si le pongo un huevo? ¿Hago un risotto?

21 de abril de 2020

No dispongo de la disciplina en solitario. ¿Qué ganas dan de hacer algo que era social? Es difícil, es complicado. Me es complejo mantener el hacer y prefiero el consumir. Al hacer consumo y bla bla, pero ese no es el punto. Es que también puedo vivir haciendo cosas breves y desconectadas y hasta no realizarlas del todo, dejar todo a medias. Hay una noción del tiempo y del hacer imprecisa. Está bien, cada a uno a su tiempo y manteniéndose a flote. Ok, pero eso da igual. La inconformidad es presente. Punto. Inconforme con lo que hago, con lo que pienso, con lo que evito, con lo que evado. Autosabotaje. Sabes que tienes que hacer equis cosa y dices bueno, antes de hacer eso haré esto, y mientras estás haciendo eso, piensas que podrías hacer otra cosa, y que a esa otra cosa le vendría bien un poco de música, pero de qué música, y buscas canciones y pruebas y eliges y crees que estás armando un lugar cómodo, placentero, con todas las cosas listas para poder hacer esa tarea con la cual comenzaste a hacer todo esto que estás haciendo. Pero oye, estaría bueno hacerse un tecito o un mate. Y antes de empezar fumaré un cigarro, y lo haré afuera de la casa. Aprovecho de tomar sol, estar con los perros que mueven la cola, y camino, sumo pasos para mantener los seis mil pasos diarios. Pero y si mejor todo el libro y leo al sol, mientras fumo y tomo mate y los perros están alrededor mío… es una linda postal, ¿no? Es digno de publicarlo, sacaré una foto y la enviaré. Pero el brillo del sol no me permite ver bien el celular. Me voy a la sombra. En la sombra me da frío y vuelvo al sol. Lo haré después. Y miro las copas de los árboles y me acuerdo de una amiga, luego de un amigo, luego de mi familia, y me pongo a enviar audios de cómo están, en qué están, cómo están, en qué están, qué van a almorzar, van a salir, no salgan, mejor quedarse. No, no he visto noticias, es que prefiero prender poco la tele. Dejo el celular y miro los perros tirados sobre el pasto, cuánta tranquilidad, ojalá ser un perro, no tener esta voz interna. ¿Los perros tienen vos interna? Los gatos sí, obvio. Abro el libro avanzo una página y esto está muy bueno para comentarlo con otro amigo, con el que puedo compartir esta ñoñez. Antes googlearé. Me acordé de un meme. Busco el meme, no lo encuentro y encuentro otro meme. Capturo pantalla. Corre viento, hay que cocinar. ¿Qué cocino? Google, tengo ganas de pizza. ¿Hay deliverys de pizza hasta aquí? Google maps. La pizzería más cercana está a 4 km. Llamo, no contestan. La hago yo, qué tanto. Receta para pizza. No. Receta para pizza sin horno. Ok. Leo, no sirve, no tengo levadura. Receta para pizza sin horno ni levadura. Ok, perfecto, tengo todo: harina, tomate, aceite, cerveza, queso. La receta es con cerveza. Debe estar a temperatura ambiente. Mierda, la tengo en el refri. Como un kiwi, el último kiwi. Dejo la cerveza afuera para que esté natural. Luego de hacer la masa dejar por media hora. No, no tengo tanto tiempo, chao pizza, arroz con verduras y era. ¿Cómo me demoro menos en cortar las verduras? Debe haber un método, algo, que permita cortar fino y en menos tiempo tres o cuatro tipos de verduras. Googleo. Video de youtube, no, qué paja. Son las dos y algo de la tarde, la mañana se acaba. La mañana comienza a las once y algo. ¿Y si en vez de cocinar eso lo dejo para la noche, mejor? Aprovechar la luz del día, terminar de leer ese cuento caminando porque así tomo sol, leo y cuento pasos para los seis mil pasos diarios. Se fue el sol, abrigarse, cambiarse ropa, prender la compu, comer galletas y pan con queso. Vamos a trabajar. No, mejor voy a escribir pa soltar la mano. ¿Por qué escribir si no se publica? ¿Para quién se escribe? Explícitamente no importa, implícitamente se sabe. Pongo música, me gusta el tema, agrego a la playlist. Comparto el tema. Busco en youtube el video del tema. Veo el video del tema. Se enfrió el mate. Pongo agua, prendo la cocina, saco la olla, pongo agua, saco el arroz, pongo el arroz, sal. Corto verduras.

Gustavo Pena – Mandolin

 

PDF Sociología de la imagen. Miradas ch’ixi desde la historia andina (2015), de Silvia Rivera Cusicanqui

Sentipensares Fem

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CONTENIDO 

Prólogo. La sociología de la imagen como praxis descolonizadora – Silvia Rivera Cusicanqui

  • Génesis de una (in)disciplina
  • Valores de uso y su circulación
  • Genealogía de una praxis
  • Trayectos recorridos en el libro
  • Notas del prólogo

Glosario de términos en otras lenguas

  • Notas del glosario

Documentos Audiovisuales

Bibliografía


Selección de textos del libroSociología de la imagen. Miradas ch’ixi desde la historia andina (2015), de Silvia Rivera Cusicanqui

Referencia:

Rivera Cusicanqui, Silvia (2015), Sociología de la imagen. Miradas ch’ixi desde la historia andina, Ed. Tinta Limón, Colección Nociones Comunes, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 352 p. ISBN 978-987-3687-10-5. Licencia Creative Commons: Atribución-NoComercial-CompartirIgual

  • “Prólogo. La sociología de la imagen…

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Poema de miércoles: “Las mujeres y el viento” de Liliana Ancalao

Los caprichos de Julie Delpy

Para este poema de miércoles, tomamos el libro “Lenguaje. Poesía en idiomas indígenas americanos”. El poema que transcribimos en esta publicación es de Liliana Ancalao, que es parte de la comunidad Ñamkulawen. Debajo están las capturas del libro publicado por Caballo Negro, en el idioma originario. El poema se llama “Las mujeres y el viento”, y es toda una invitación.
Liliana Ancalao
él siempre va a volver
me previno la griega
traduciendo la borra del café
y me hablaba de un hombre
yo pensaba en el viento

el viento siempre vuelve
pero esta ciudad no se acostumbra
anda
cada vez
desaforado por las calles
a brochazos de tierra
borrándonos los pasos

se nos vuelan los pájaros
los olores
la ropa
se desafina la casa
la memoria se astilla
y hay que poner la pava
preparar unos mates
y esperar
a que se vaya
en unos días
unas semanas
vaya a saber
con…

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En qué pensamos cuando pensamos en fútbol

El filósofo británico Simon Critchley parece tomarse muy en serio aquella máxima de «devolver la filosofía a la calle». Nada le es ajeno, como demuestra en este libro, donde hibrida su amor por el deporte rey con su incisiva mirada filosófica.

El fútbol hunde (o hundía) sus raíces en el sentimiento de pertenencia a un lugar y a una comunidad, y en su momento encarnó cierta idea de utopismo comunitarista y fue parte importante de la cultura obrera: era un deporte de equipo, de asociación, un deporte socialista, donde el conjunto está siempre por encima de las individualidades, por importantes que éstas puedan ser. Los jugadores vienen y van, mientras que los aficionados son el archivo, la memoria del equipo, quienes lo anclan en la historia. Son parte activa del fútbol en tanto experiencia, en tanto colección de momentos. Y entre los recuerdos más queridos y tempranos de Critchley están los de ir a ver con su padre los partidos del Liverpool, el equipo de sus amores, un amor que ha sobrevivido a la infame mercantilización y la desnaturalización que ha sufrido este deporte en las últimas décadas.

Aunando pasión y rigor, análisis y devoción (porque, al fin y al cabo, ¿qué es el fútbol, qué es la filosofía sin entusiasmo?), Critchley se acerca a este fenómeno planetario desde perspectivas de clase, de género, también de estética, y nos ofrece un libro que es tanto un inspirado e inspirador ensayo como un sentido homenaje a este deporte inmortal.
http://www.sextopiso.es/esp/item/404/en-que-pensamos-cuando-pensamos-en-futbol

El Cuaderno

Uno de los recuerdos más presentes del filósofo británico Simon Critchley (Hertfordshire, 1960) tiene que ver con los partidos del Liverpool a los que iba con su padre en Anfield, el mítico estadio del equipo inglés.

 

Al menos en su origen, el fútbol arraigaba en el sentimiento de pertenencia a un lugar y a una comunidad. En su momento encarnó cierta idea de utopismo comunitarista y fue parte importante de la cultura obrera: era un deporte de equipo, de asociación, un deporte socialista, donde el conjunto estaba siempre por encima de las individualidades, por importantes que éstas puedieran ser. Los jugadores vienen y van, mientras que los aficionados son el archivo, la memoria del equipo, quienes lo anclan en la historia. Son parte activa del fútbol en tanto experiencia, en tanto colección de momentos.

Critchley, uno de esos filósofos empeñados en bajar la filosofía a la calle y hacerla…

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El concepto de ficción – Juan José Saer

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El concepto de ficción

Nunca sabremos cómo fue James Joyce. De Gorman a Ellmann, sus biógrafos oficiales, el progreso principal es únicamente estilístico: lo que el primero nos trasmite con vehemencia, el segundo lo hace asumiendo un tono objetivo y circunspecto, lo que confiere a su relato una ilusión más grande de verdad. Pero tanto las fuentes del primero como las del segundo -entrevistas y cartas- son por lo menos inseguras, y recuerdan el testimonio del «hombre que vio al hombre que vio al oso”, con el agravante de que para la más fantasiosa de las dos biografías, la de Gorman, el informante principal fue el oso en persona. Aparte de las de este último, es obvio que ni la escrupulosidad ni la honestidad de los informantes puede ser puesta en duda, y que nuestro interés debe orientarse hacia cuestiones teóricas y metodológicas.

En este orden de cosas, la objetividad ellmaniana, tan celebrada, va cediendo paso, a medida que avanzamos en la lectura, a la impresión un poco desagradable de que el biógrafo, sin habérselo propuesto, va entrando en el aura del biografiado, asumiendo sus puntos de vista y confundiéndose paulatinamente con su subjetividad. La impresión desagradable se transforma en un verdadero malestar en la sección 1932-1935, que, en gran parte, se ocupa del episodio más doloroso de la vida de Joyce, la enfermedad mental de Lucía. Echando por la borda su objetividad, Ellmann, con argumentos enfáticos y confusos, que mezclan de manera imprudente los aspectos psiquiátricos y literarios del problema, parece aceptar la pretensión demencial de Joyce de que únicamente él es capaz de curar a su hija. Cuando se trata de meros acontecimientos exteriores y anecdóticos, no pocas veces secundarios, la biografía puede mantener su objetividad, pero apenas pasa al campo interpretativo el rigor vacila, y lo problemático del objeto contamina la metodología. La primera exigencia de la biografía, la veracidad, atributo pretendidamente científico, no es otra cosa que el supuesto retórico de un género literario, no menos convencional que las tres unidades de la tragedia clásica, o el desenmascaramiento del asesino en las últimas páginas de la novela policial.

El rechazo escrupuloso de todo elemento ficticio no es un criterio de verdad. Puesto que el concepto mismo de verdad es incierto y su definición integra elementos dispares y aun contradictorios, es la verdad como objetivo unívoco del texto y no solamente la presencia de elementos ficticios lo que merece, cuando se trata del género biográfico o autobiográfico, una discusión minuciosa. Lo mismo podemos decir del género, tan de moda en la actualidad, llamado, con certidumbre excesiva, non-fiction: su especificidad se basa en la exclusión de todo rastro ficticio, pero esa exclusión no es de por sí garantía de veracidad. Aun cuando la intención de veracidad sea sincera y los hechos narrados rigurosamente exactos -sólo que no siempre es así- sigue existiendo el obstáculo de la autenticidad de las fuentes, de los criterios interpretativos y de las turbulencias de sentido propios a toda construcción verbal. Estas dificultades, familiares en lógica y ampliamente debatidas en el campo de las ciencias humanas, no parecen preocupar a los practicantes felices de la non-fiction. Las ventajas innegables de una vida mundana como la de Truman Capote no deben hacernos olvidar que una proposición, por no ser ficticia, no es automáticamente verdadera.

Podemos por lo tanto afirmar que la verdad no es necesariamente lo contrario de la ficción, y que cuando optamos por la práctica de la ficción no lo hacemos con el propósito turbio de tergiversar la verdad. En cuanto a la dependencia jerárquica entre verdad y ficción, según la cual la primera poseería una positividad mayor que la segunda, es desde luego, en el plano que nos interesa, una mera fantasía moral. Aun con la mejor buena voluntad, aceptando esa jerarquía y atribuyendo a la verdad el campo de la realidad objetiva y a la ficción la dudosa expresión de lo subjetivo, persistirá siempre el problema principal, es decir la indeterminación de que sufren no la ficción subjetiva, relegada al terreno de lo inútil y caprichoso, sino la supuesta verdad objetiva y los géneros que pretenden representarla. Puesto que autobiografía, biografía, y todo lo que puede entrar en la categoría de non- fiction, la multitud de géneros que vuelven la espalda a la ficción, han decidido representar la supuesta verdad objetiva, son ellos quienes deben suministrar las pruebas de su eficacia. Esta obligación no es fácil de cumplir: todo lo que es verificable en este tipo de relatos es en general anecdótico y secundario, pero la credibilidad del relato y su razón de ser peligran si el autor abandona el plano de lo verificable.

La ficción, desde sus orígenes, ha sabido emanciparse de esas cadenas. Pero que nadie se confunda: no se escriben ficciones para eludir, por inmadurez o irresponsabilidad, los rigores que exige el tratamiento de la verdad, sino justamente para poner en evidencia el carácter complejo de la situación, carácter complejo del que el tratamiento limitado a lo verificable implica una reducción abusiva y un empobrecimiento. Al dar un salto hacia lo inverificable, la ficción multiplica al infinito las posibilidades de tratamiento. No vuelve la espalda a una supuesta realidad objetiva: muy por el contrario, se sumerge en su turbulencia, desdeñando la actitud ingenua que consiste en pretender saber de antemano cómo esa realidad está hecha. No es una claudicación ante tal o cual ética de la verdad, sino la búsqueda de una un poco menos rudimentaria.

La ficción no es, por lo tanto, una reivindicación de lo falso. Aun aquellas ficciones que incorporan lo falso de un modo deliberado -fuentes falsas, atribuciones falsas, confusión de datos históricos con datos imaginarios, etcétera-, lo hacen no para confundir al lector, sino para señalar el carácter doble de la ficción, que mezcla, de un modo inevitable, lo empírico y lo imaginario. Esa mezcla, ostentada sólo en cierto tipo de ficciones hasta convertirse en un aspecto determinante de su organización, como podría ser el caso de algunos cuentos de Borges o de algunas novelas de Thomas Bernhard, está sin embargo presente en mayor o menor medida en toda ficción, de Homero a Beckett. La paradoja propia de la ficción reside en que, si recurre a lo falso, lo hace para aumentar su credibilidad. La masa fangosa de lo empírico y de lo imaginario, que otros tienen la ilusión de fraccionar a piacere en rebanadas de verdad y falsedad, no le deja, al autor de ficciones, más que una posibilidad: sumergirse en ella. De ahí tal vez la frase de Wolfgang Kayser: “No basta con sentirse atraído por ese acto; también hay que tener el coraje de llevarlo a cabo”.

Pero la ficción no solicita ser creída en tanto que verdad, sino en tanto que ficción. Ese deseo no es un capricho de artista, sino la condición primera de su existencia, porque sólo siendo aceptada en tanto que tal, se comprenderá que la ficción no es la exposición novelada de tal o cual ideología, sino un tratamiento específico del mundo, inseparable de lo que trata. Este es el punto esencial de todo el problema, y hay que tenerlo siempre presente, si se quiere evitar la confusión de géneros. La ficción se mantiene a distancia tanto de los profetas de lo verdadero como de los eufóricos de lo falso. Su identidad total con lo que trata podría tal vez resumirse en la frase de Goethe que aparece en el artículo ya citado de Kayser (“¿Quién cuenta una novela?”): “La Novela es una epopeya subjetiva en la que el autor pide permiso para tratar el universo a su manera; el único problema consiste en saber si tiene o no una manera; el resto viene por añadidura”. Esta descripción, que no proviene de la pluma de un formalista militante ni de un vanguardista anacrónico, equidista con idéntica independencia de lo verdadero y de lo falso.

Para aclarar estas cuestiones, podríamos tomar como ejemplo algunos escritores contemporáneos. No seamos modestos: pongamos a Solienitsin como paradigma de lo verdadero. La Verdad- Por- Fin- Proferida que trasunta sus relatos, si no cabe duda que requería ser dicha, ¿qué necesidad tiene de valerse de la ficción? ¿Para qué novelar algo de lo que ya se sabe todo antes de tomar la pluma? Nada obliga, si se conoce ya la verdad, y si se ha tomado su partido, a pasar por la ficción.

Empleadas de esa manera, verdad y ficción se relativizan mutuamente: la ficción se vuelve un esqueleto reseco, mil veces pelado y vuelto a recubrir con la carnadura relativa de las diferentes verdades que van sustituyéndose unas a otras. Los mismos principios son el fundamento de otra estética, el realismo socialista, que la concepción narrativa de Solienitsin contribuye a perpetuar. Solienitsin difiere con la literatura oficial del estalinismo en su concepción de la verdad, pero coincide con ella en la de la ficción como sirvienta de la ideología. Para su tarea, sin duda necesaria, informes y documentos hubiesen bastado. Lo que debemos exigir de empresas como la suya, es un afincamiento decidido y vigilante en el campo de lo verificable. Sus incursiones estéticas y su gusto por la profecía se revelan a simple vista de lo más superfluos. Y por otro lado, no basta con dejarse la barba para lograr una restauración dostoyevskiana.

Con Umberto Eco, las amas de casa del mundo entero han comprendido que no corren ningún peligro: el hombre es medievalista, semiólogo, profesor, versado en lógica, en informática, en filología. Este armamento pesado, al servicio de “lo verdadero”, las hubiese espantado, cosa que Eco, como un mercenario que cambia de campo en medio de la batalla, ha sabido evitar gracias a su instinto de conservación, poniéndolo al servicio de “lo falso”. Puesto que lo dice este profesor eminente, piensan los ejecutivos que leen sus novelas entre dos aeropuertos, no es necesario creer en ellas ya que pertenecen, por su naturaleza misma, al campo de lo falso: su lectura es un pasatiempo fugitivo que no dejará ninguna huella, un cosquilleo superficial en el que el saber del autor se ha puesto al servicio de un objeto fútil, construido con ingeniosidad gracias a un ars combinatoria. En este sentido, y sólo en éste, Eco es el opuesto simétrico de Solienitsin: a la gran revelación que propone Solienitsin, Eco responde que no hay nada nuevo bajo el sol. Lo antiguo y lo moderno se confunden, la novela policial se traslada a la edad media, que a su vez es metáfora del presente, y la historia cobra sentido gracias a un complot organizado. (Ante Eco, me viene espontáneamente al espíritu una frase de Barrés: “Rien ne déforme plus l’histoire que d’y chercher un plan concerté”.) Su interpretación de la historia está puesta de manera ostentosa para no ser creída. El artificio, que suplanta al arte, es exhibido continuamente de modo tal que no subsista ninguna ambiguedad.

La falsedad esencial del género novelesco autoriza a Eco no solamente la apología de lo falso a lo cual, puesto que vivimos en un sistema democrático, tiene todo el derecho, sino también a la falsificación. Por ejemplo, poner a Borges como bibliotecario en El nombre de la rosa (título por otra parte marcadamente borgiano), es no solamente un homenaje o un recurso intertextual, sino también una tentativa de filiación. Pero Borges -numerosos textos suyos lo prueban-, a diferencia de Eco y de Solienitsin, no reivindica ni lo falso ni lo verdadero como opuestos que se excluyen, sino como conceptos problemáticos que encarnan la principal razón de ser de la ficción. Si llama Ficciones a uno de sus libros fundamentales, no lo hace con el fin de exaltar lo falso a expensas de lo verdadero, sino con el de sugerir que la ficción es el medio más apropiado para tratar sus relaciones complejas.

Otra falsificación notoria de Eco es atribuir a Proust un interés desmedido por los folletines. En esto hay algo que salta a la vista: subrayar el gusto de Proust por los folletines es un recurso teatral de Eco para justificar sus propias novelas, como esos candidatos dudosos que, para ganar una elección local, simulan tener el apoyo del presidente de la república. Es una observación sin ningún valor teórico o literario, tan intrascendente desde ese punto de vista como el hecho, universalmente conocido, de que a Proust le gustaban las madeleines. Es significativo en cambio que Eco no haya escrito que a Agatha Christie o a Somerset Maugham les gustaban los folletines, y con razón, porque si pone de testigo a Proust para exaltar los folletines es justamente porque escribió A la recherche du temps perdu. Es detrás de la Recherche que Eco pretende ampararse, no del supuesto gusto de Proust por los folletines. Basta con leer una novela de Eco o de Somerset Maugham para saber que a sus autores les gustan los folletines. Y para convencerse de que a Proust no le gustaban tanto, la lectura de la Recherche es más que suficiente.

Mi objetivo no es juzgar moralmente y mucho menos condenar, pero aun en la más salvaje economía de mercado, el cliente tiene derecho a saber lo que compra. Incluso la ley, tan distraída en otras ocasiones, es intratable en lo que se refiere a la composición del producto. Por eso, no podemos ignorar que en las grandes ficciones de nuestro tiempo, y quizás de todos los tiempos, está presente ese entrecruzamiento crítico entre verdad y falsedad, esa tensión íntima y decisiva, no exenta ni de comicidad ni de gravedad, como el orden central de todas ellas, a veces en tanto que tema explícito y a veces como fundamento implícito de su estructura. El fin de la ficción no es expedirse en ese conflicto sino hacer de él su materia, modelándola “a su manera”. La afirmación y la negación le son igualmente extrañas, y su especie tiene más afinidades con el objeto que con el discurso. Ni el Quijote, ni Tristam Shandy, ni Madame Bovary, ni El Castillo pontifican sobre una supuesta realidad anterior a su concreción textual, pero tampoco se resignan a la función de entretenimiento o de artificio: aunque se afirmen como ficciones, quieren sin embargo ser tomadas al pie de la letra. La pretensión puede parecer ilegítima, incluso escandalosa, tanto a los profetas de la verdad como a los nihilistas de lo falso, identificados, dicho sea de paso, y aunque resulte paradójico, por el mismo pragmatismo, ya que es por no poseer el convencimiento de los primeros que los segundos, privados de toda verdad afirmativa, se abandonan, eufóricos, a lo falso. Desde ese punto de vista la exigencia de la ficción puede ser juzgada exorbitante, y sin embargo todos sabemos que es justamente por haberse puesto al margen de lo verificable que Cervantes, Sterne, Flaubert o Kafka nos parecen enteramente dignos de crédito.

A causa de este aspecto principalísimo del relato ficticio, y a causa también de sus intenciones, de su resolución práctica, de la posición singular de su autor entre los imperativos de un saber objetivo y las turbulencias de la subjetividad, podemos definir de un modo global la ficción como una antropología especulativa. Quizás -no me atrevo a afirmarlo- esta manera de concebirla podría neutralizar tantos reduccionismos que, a partir del siglo pasado, se obstinan en asediarla. Entendida así, la ficción sería capaz no de ignorarlos, sino de asimilarlos, incorporándolos a su propia esencia y despojándolos de sus pretensiones de absoluto. Pero el tema es arduo, y conviene dejarlo para otra vez.

 

En: El concepto de ficción, Buenos Aires, Ariel, 1997.

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Para leer y descargar el libro “El concepto de ficción”, en el siguiente link: 

http://recursosbiblio.url.edu.gt/Libros/jjSaer/Concepto-ficcion.pdf

 

 

 

3 libros de Georges Perec en .pdf

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 Novelista francés que figura entre los escritores más innovadores de su generación. Pérec nació en París, en el seno de una familia numerosa y políglota de judíos polacos. Su padre, que combatió en la Legión Extranjera, murió en batalla al comienzo de la II Guerra Mundial. Su primera infancia está marcada por la ocupación nazi de Francia. Su madre fue deportada y asesinada en un campo de concentración. Pérec tomó desde muy joven la decisión de ser escritor, pero su primera novela, Las cosas, por la que obtuvo el premio Renaudot, no se publicó hasta 1965. En 1967 se unió al grupo denominado Ouvroir de littérature potentielle (OULIPO, taller de literatura potencial), donde se daban cita una serie de escritores decididos a desarrollar todo tipo de limitaciones formales. Fue entonces cuando escribió su curiosa novela La desaparición (1969), en la que no aparece la letra e: el libro demostraba que la restricción del cromatismo lingüístico literario puede favorecer la capacidad creativa. Sus mayores éxitos llegaron en 1978 con La vida: instrucciones de uso, novela galardonada con el Premio Médicis. A partir de este momento abandonó cualquier otra actividad para consagrarse plenamente a la literatura. Pérec sentía que en el mundo real, la vida del ser humano era esencialmente precaria y limitada, de manera que en su ficción intenta crear un universo que le confiera espacio y le proporcione, en cierto sentido, tanto seguridad como libertad de acción. Descubrió que toda la ficción llega a la misma conclusión: los tres protagonistas de La vida: instrucciones de uso se ven inmersos en un juego que consiste en reunir las piezas de un rompecabezas (el mundo) sin otro resultado que el fracaso y la muerte. La novela, considerada una obra maestra, pone de manifiesto la ingenuidad de Pérec como escritor, al emplear diversas técnicas literarias al tiempo que intenta mantenerlas ocultas. Algunas de sus obras son en parte autobiográficas como Wo un recuerdo de infancia(1975). En ellas el autor expresa su concepción de la literatura como acto de la memoria y como un modo de dar sentido a la vida del autor.

Más info:

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2130 

https://es.wikipedia.org/wiki/Georges_Perec 

En el siguiente link encontrarán los textos para descargar

A través de Algunos libros de Georges Perec en .pdf